
Soy el que me di a ti y también soy el otro. El otro, un tipo acostumbrado a la soledad que, al final, tuvo que acomodarse a hallar su sitio en la guarida tramposa y cálida del alcohol y el escepticismo.
El otro, un chico grande para el que descubrir una canción emocionante es lo más hermoso de la vida.
Pero hoy todo eso no es igual ya que antes, es mejor, porque estás tú.
El otro, el de siempre, Andrés, alguien complicadillo, difícil de aguantar a veces -que no de tratar- que a veces refunfuña y piensa, ofuscado, que sólo su razón es la que vale. Un hombre -mitad virrey, mitad mendigo- que cuando se menosprecian sus valores, por la gente a la que ama, puede llegar a desesperarse... sin demasiada dificultad. Se pone entonces, el calandrio, muy triste, sin entender apenas nada, al comprobar que el mundo no es justo y anda así un rato, como perdido, y zombizea y coloca, para poder superarlo, una bossa nova en el estéreo, y se atiza un copazo, y si no lo supera de inmediato hay veces en las que se echa a llorar en la cama, todo digno, germánicamente frustrado, y termina por quedarse dormido como un bendito. Enseguida se le pasa. Le marca al Zubi un montón de goles en sus sueños y ya está.
Mas ese ingenuo maniaco cuando llora ahora, lo hace con más notoriedad, de otra manera, sin que la garganta le raspe tanto como antes, sin que se le rasgue el alma con las lágrimas. Y lo hace, tel vez, para poder enamorarte más si cabe y que no le lleves al pobre tanto, y a lo tonto, la contraria. Tú estás ahí con el pañuelo. Y él te ama. Cosas de la vida. Cosas de hombres y de mujeres.
Un chulito, sobrado de peso, como los boxeadores toscos, los paquetes, que sólo van a por la bolsa y se tiran al piso en cuanto los tocan, pero que son buenos porque la bolsa la quieren para que las crias tomen danone y no esas otras marcas de yogur sin anuncios que comen los niños pobres del barrio, aunque, bueno, ellos también se tomen por la noche sus wiscachos con los amigos y alguna que otra chica linda a la que la vida ha empujado al otro lado, el malo, o el bueno... Y eso, las cosas de la vida, sus delirios, que, aunque cuando él se queda solo la echa muchísimo de menos, también le gusta tomarse sus wiscachos y pensar en boxeadores buenos y valientes -como Hearns, Leonard y De La Hoya: el chico maravilloso- y también -hipócrita sería negarlo- en niñas malas, pero le empieza a dar pereza salir en su busca. Y sí, claro, el pobre, se queda en casa, quietecito, un poco borrachito, escribiendo en el blog. Lo hace porque en sus recuerdos siempre estás tú, su chica mala, la más mala de todas. La mejor.
Y en todo eso se le gasta la tarde a este palurdo en tu ausencia. Como aparentemente le pasaba, igual, en sus otras tardes del ayer: en tragos, música, recuerdos, entrega a los recuerdos, tibieza y melancolía. Pero esta vez es mejor, mucho mejor, porque aunque ahora mismo no te encuentres a mi lado, sé que tú estás, y estarás, siempre a mi lado.
Y luego están todos esos granujas cibernéticos, todas esas escurridizas damas que me leen (a veces). Unos melancólicos todas ellas, y todos ellos, como yo, aunque alguno lo intente disimular, que cuando lean todo esto mañana, o pasado mañana, o cuando se tercie, sabrán decirme algo que me siente requetebien. Sé que ellos, estén donde estén cuando ando escribiendo esto, se hallan leyéndome ya, y que, cuando lo hagan de verdad, para si mismos, todo lo que aquí digo les sonará a recuerdos, a corazón, a amores, a nostalgia... porque ya me conocen, y se conocen, y saben que llorar no es tan difícil aunque no se sea un niño y que las palabras de aquellos que te quieren son uno de los regalos más bonitos que pueden recibir un hombre, una mujer. Una coartada, un juego, una buena razón para vivir. Y un poco más allá de todo esto, sólo un poco más allá... sólo está el tango.
13 comentarios
Me tome la libertad de agregarte .. Me gusto mucho que lo escribiste Un Beso
Hermosa reflexión, Mr. Bluff. Saludos.
Completamente de acuerdo, pero no te acostumbres
Bien, tomo nota de que como lector y eventual comentarista de tu blog soy, en realidad, solo un accesorio doméstico más de tu felicidad conyugal. Como la baraja de hacer solitarios, la botella de whisky o las castas evocaciones de las chicas malas: recursos reservados para las tardes en que ella no está y tú te dedicas al reciclaje de tus costumbres de soltero, más placenteras ahora que son ya solo un simulacro, un revival inocuo desde la seguridad del refugio matrimonial.
A dormilona 0104.
Lo que me dijiste, me sentó requetebien.
A Veredas.
Lo mismito le digo que a ella. Y, aparte de reflexión, la cosa tenía también su parte de acción. Y si no... que se lo pregunten a mi media resaca del día siguiente.
A Lansky.
Estás ya entregao, macho. Por cierto me creía que ibas a decir algo sobre el "chico maravilloso". Uno de mis miles proyectos (que quedará en agua de borrajas, evidentemente) es escribir su biografia novelada.
A Vanbrugh.
¿Y te parece poco, tunante?.
Y sí, los revival, molan, pero les falta la espontaneidad del original. Ja, ja, ja... .
No, no me parece poco; si me pareciera pequeño el papel, no lo representaría. Me hace cierta ilusión, esto de ser una especie de chica mala honoraria, siempre que tú recuerdes a tiempo tus obligaciones de hombre casado.
(¿Has constatado ya tu confusión entre Graham y Jonathan? ¿Y entre Wilder y Chapman? ¿Y entre Cervantes y Pepu Hernández?)
Claro, claro. Lo malo no está en equivocarse, todos nos equivocamos. Lo malo es no querer aceptarlo. Y yo lo acepto. Lo de Chapman/Wilder por ser ambos volúmenes de una misma colección. Lo de Jonathan/Graham por apellidarse los dos Swift. Lo de Cervantes y Pepu Hernández por las nulas posibilidades de ambos como jugadores de baloncesto. El viejo era manco, el joven ha tenido que hacerse entrenador.
Besos, Vanbrugh.
Tienes mucha razón. Lo malo no es equivocarse, lo malo es tener cerca un tocapelotas que aprovecha las inevitables equivocaciones de uno para hacer chistes malos y quedar de listo. Qué le vamos a hacer, las chicas malas somos así. Por eso te gustamos, pillín.
Ya te lo dije, Bluff: Vanbrugh te ha adoptado, mientras que yo sólo me limitaría a emborracharme contigo y a dejarte luego hecho un merengue a la puerta de tu casa. Estilos distintos.
Vanbrugh
Tanto empeño con lo de "chica mala" por aquí, "chica mala" por allá, empieza a sonarme -con perdón- a un poco de mariconería.
A ver si vas a ser como esos lores británicos que, en sus manifestaciones publicas, se muestran ejemplarmente viriles y por las tardes se visten de colegiala -con piruleta- ante las pupilas de alguna elegante madama de Mayfair.
Qué cosas más raras se han visto!.
Joven, el "que" con el que comienza la última frase de su último y desafortunado comentario no debería llevar la tilde que, no obstante, le ha puesto usted. Los signos de admiración, en castellano, se colocan tanto al principio como al final de la frase. La atribución de esas costumbres exóticas de que habla a "esos lores británicos" me parece por completo fuera de lugar: hábitos homosexuales clandestinos encubiertos por una ostensible virilidad existen en todas las profesiones, estamentos sociales y naciones, y citar al hablar de ellos solo una clase humana de las infinitas que los comparten, como si fueran una característica suya específica, me parece un modo gratuito e injustificado de poner en entredicho la honestidad de la aristocracia británica, merecedora de todos nuestros respetos. En cuanto a sus alusiones a mi persona, creo que es mejor que por ambas partes las demos por no escritas.
Queda de usted affmo.
O sea, Bluff le llama a Vanbrugh mariconazo encubierto y Vanbrugh le tira la gramática de Nebrija a la cabeza. Esto puede acabar mal; no te digo.
Hola, si me visitas veras que en Sevilla la lluvia es una maravilla.
Hasta Pronto.
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